
El fin de semana estaba siendo genial. Ya que íbamos a
Orense aprovechamos para quedar con una pareja de la zona. Quedamos en la cafetería del Parador justo después de comer. Tuvimos una charla animada. Nos
caímos bien. Era una pareja atractiva y simpática. Habíamos elegido el parador porque tiene un
spa y habíamos ya reservado entrada en el mismo. La conversación era tan fluida y estábamos todos tan a gusto que les invitamos a venir al
spa con nosotros. Aceptaron encantados.
Una vez allí disfrutamos de las distintas piscinas y bañeras
hidromasaje. Primero entramos en el baño turco. El calor allí era agobiante. Estábamos los cuatro en bañador. Nuestros
cu
erpos brillaban por el sudor entre la neblina causada por el vapor. Nuestras miradas se cruzaban y cada vez con menos pudor admirábamos nuestros cuerpos, nuestras formas. Se hacía difícil disimular la excitación y ellas sonreían traviesas al darse cuenta. Para refrescarnos nos echábamos chorros de agua fría por el cuerpo. Lo que hacía más sensual la situación. Cuando ya estábamos muy "calientes" decidimos ir al
jacuzzi. Estaba en una terraza al aire libre. El contraste entre el frío de la terraza y la temperatura caliente del agua era excitante. Las parejas nos sentamos intercambiadas. Las burbujas hacían que nuestros bañadores hicieran un gran globo, lo que provocó nuestras risas y comentarios sobre la causa que provocaba que se hinchasen. La conversación subió de tono, convirtiéndose en lasciva y provocadora.
- ¿Qué piensas que hace que se hinche el bañador? Atrévete a comprobarlo... - Mira que lo hago, que no me corto, luego Mari me riñe - yo no te voy a reñir, porque yo también estoy deseando comprobarlo...-
Los pechos de las chicas no dejaban de
menearse con el agua, de forma amenazante.
Mari dio el primer paso. Su mano, bajo el agua, se introdujo bajo el bañador de nuestro amigo, quien no pudo evitar un gemido de gusto. Nuestra amiga no quiso ser

menos y también comenzó a palpar mi miembro. Al poco, las manos de los cuatro exploraban ansiosas los cuerpos vecinos, mientras desde fuera nadie se enteraba de lo que hacíamos, entre otras cosas porque estábamos solos en el
spa a esas horas. Sólo se podía ver una gran sonrisa de placer en nuestros rostros, mientras nuestros sexos estaban húmedos y no sólo por el agua del
jacuzzi.
Decidimos ir a un sitio más privado y nos metimos en la sauna. No había nadie. Sólo nosotros. Nos dijimos que para estar en la sauna lo ideal era estar desnudos y sudar bien. Allí continuamos masturbándonos. Las chicas comenzaron a darnos placer con sus bocas sedientas de sexo, chupando hasta el último centímetro de nuestros miembros.
Mari se colocó de espaldas a nuestro amigo, sentada sobre su miembro, mientras comenzó a moverse en círculos suaves, elevándose despacio, para caer de golpe sobre él una y otra vez. Yo me dediqué a Laura, que se había colocado a cuatro patas ofreciendo su trasero formidable. La penetré con fuerza, mientras chorreaba de sudor y de placer. Los gemidos de los cuatro eran acallados por la madera de la sauna. Allí estuvimos una hora hasta que nos corrimos exhaustos.
Al salir, nos frotamos con el hielo que caía por una tubería. Pero eso no consiguió apagar nuestra calentura. Después de reposar en las tumbonas térmicas un rato, decidimos seguir nuestra fiesta particular en la habitación del parador.
Realmente el spa es una fuente de placer, aunque no de descanso...
Juan
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